Navegando por el Amazonas.

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[3 DIAS Y 2 NOCHES NAVEGANDO EL AMAZONAS PERUANO].

Atrás dejamos la costa peruana para entrar en el corazón verde de Latinoamérica. Navegamos el río Huallaga desde Yurimaguas luego el Marañón hasta llegar a Iquitos dónde comienza el gran río Amazonas que desemboca en el gigante del Atlántico.

¡Un viaje inolvidable! Que como no podemos -ni queremos- olvidar, se lo contamos acá y que con muchas ganas queremos repetir e ir más allá.

LA VIDA A BORDO.

Desde Yurimaguas -al norte de Perú (capital de la provincia del Alto Amazonas, Loreto)- zarpamos en el Eduardo, una lancha que podemos recomendar ya que además de transportar carga, mucha gente local y extranjera lo elige para trasladarse. Sus baños son higiénicos y en sí luce más limpio que muchas otras embarcaciones que en el puerto esperan por salir. Ya sea desde Yurimaguas o Pucalpa, hay mucha oferta de barcos. El viaje “all-inclusive” nos costó aproximadamente u$d 30 con hamaca y comida. La hamaca la podes alquilar o comprar a vendedoras por ahí. 

¿Cómo saber que lancha va a salir y no pasar la noche en el puerto? Ante todo es bueno saber, para aquellos viajeros que se encuentran con el tiempo justo -por tener vuelos programados, etc.- que las lanchas que zarpan desde estas ciudades, Yurimaguas y Pucalpa, son transportadoras de carga así como también de pasajeros, con lo cual, un buen consejo para no caer en la trampa de comprar un pasaje para la lancha equivocada, es ver a cual están cargando porque seguramente ésa será la próxima a zarpar. Las salidas seguras son los días Miércoles y Sábados entre medio día y 6 de la tarde. Fundamental no enojarse si te dicen “ahorita salimos” y se demoran; si se acuerdan de esta expresión pueden decirles: “no seas piyuco y decime la verdad”. En nuestra experiencia tuvimos una demora de 24 hs. y conocimos viajeros que experimentaron lo mismo.

barcos

Nuestra travesía en la lancha comenzó el mismo día que colgamos las hamacas y tendimos la carpa, aunque la lancha no saliera hasta el día siguiente, nosotros ya estábamos en modo navegación encendida. Aunque nunca apagamos el modo viajando, pasar 24 hs. en una lancha arrimada al puerto nos permitió conocer toda la movida del lugar de una manera quieta. Vimos como los barcos o lanchas que llegaban al puerto movían a los empujones a los que estaban estacionados para hacerse lugar. Unos tablones de madera desde adentro del barco hacia la tierra firme hacían de muelle, por donde: pasajeros y cargadores circulaban de a uno por vez ya que el peso de la carga hacía que con cada paso “el muelle” se ondulara.

6.30 am. despertábamos al salto de un timbre que anunciaba el desayuno: dos cucharas en una suculenta avena ensopada dentro de nuestra cacerola. Nosotros hacíamos fiaca unos 15 minutos más, sin pasar por alto la oportunidad de alimentarnos, caíamos más tarde porque  durante los primeros minutos se formaba una fila un tanto larga. Durante el viaje, hay tres horarios establecidos, fuera del desayuno (6.30 am), almuerzo (11.30 am) y cena (5.30 pm), las horas no existen.

 

Todos parecían estar disfrutando del tiempo navegando. Muchas siestas, charlas, lectura y contemplación cubrían la vida abordo. La observación se apoderaba de nuestra vista, muchas veces acompañada del asombro, juntos: desaprobaban a quienes deliraban con aires de Dj musicalizando a todo un barco dormido pero también juntos descubrían acciones interesantes como por ejemplo: un grupo de hombres que sin compartir una charla se dedicaban a pasarse el día en diferentes rincones del barco, que iban cambiando (según la dirección del viento -nos dimos cuenta después-). Siempre se los veía con el pelo mojado y frescos, cuando todos estábamos -pegoteados a nuestras hamacas- cuasi abombados por tanto calor y poco viento. Los copiábamos y 2 o 3 veces al día nos pegábamos unas duchas de agua del río y frescos como -quien dice- una lechuga nos acoplábamos a su espacio de corriente de aire encarando conversaciones.

Lo que reunía a todos al frente de la lancha o en sus costados -amontonados y entretenidos- era ver como la embarcación se preparaba para atravesar una tormenta o cuando los delfines saltando al rededor captaban la atención de alguien, que con cámara de fotos en mano, delataba -a los distraídos- la presencia de un espectáculo, motivo para que en pocos minutos estuviéramos todos buscándolos con nuestras cámaras. La marcha del motor nos comunicaba las paradas. Como hay muchas comunidades viviendo en la selva -aledañas al río-, la embarcación se aproximaba para dejar carga o permitirle a las mujeres, con sus hijos también vendedores, subir a nuestro hogar a flote y vender sus deliciosos pescados preparados y fruta que tanto refrescaron esos días de calor selvático.

Consejos:

1. Aprovisionarse.  Aunque la embarcación cuenta con una pequeña proveeduría, los costos son más elevados y los productos son para un bajo consumo. Aprovisionate de mucha agua que en el puerto venden barata. Y para el gusto de cada uno: una caña o roncito no están para nada de más; dulces y comida enlatada tampoco. Hacerse de un taper y no perder el pasaje, los cocineros de la lancha te lo pedirán para entregarte la comida. ¿Cubiertos? ¡también! Sino era obvio para vos, con este post podes avisparte un poco. La comida: es suculenta, no te quedarás con hambre, pero sí con ganas de comer otra cosa que no sea arroz, pollo y plátano hervido. Una buena es: pan, tomate, palta o atún. Y para los amantes de los momentos de encuentro: ¡Yerba mate por supuesto!

2. Paciencia. El zarpe puede tener sus demoras de hasta 24 hs. El río Marañón es un canal de comunicación entre las ciudades grandes -proveedoras de productos- y los pueblos o comunidades aledañas al río que se habitan selva adentro. En un lugar donde la informalidad caracteriza las actividades y el puerto en sí, los tiempos no son tan formales como en otros lugares. La paciencia y la espera se convierten en virtudes más cuando las preocupaciones de uno pasan por el conocimiento de una nueva cultura, el asombro de lo visto por primera vez y la contemplación de lo sublime de la naturaleza.

3. Vacunate. Cuentes o no con un seguro médico, la vacuna contra la fiebre amarilla no solo es obligatoria para ingresar a Brasil sino que la vas a querer tener si planeas entrar en el Amazonas. Aquí podes informarte dónde dan gratuitamente la vacuna contra la fiebre amarilla.

Nosotros nos entregamos al tiempo y nos dispusimos a prestarle atención a cada estímulo y a responder con el cuerpo a cada idea de deseo. Cuando uno viaja atravesando culturas diferentes -y tiene la virtud de adaptarse o al menos de no criticar- siente curiosidad por todo.

Bonus Track Atardeceres del Amazonas:

Niebla en el Marañón


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Comments (5)

  1. Pingback

    • La verdad que re tranqui, no tuvimos problemas, el camarote casi que no lo recomendamos porque es más costoso y te morís de calor. Las mochilas las dejamos adentro de la carpa, anduvimos dando vueltas por el barco y no nos faltó nada igual nos hicimos de conocidos y entre todos nos mirábamos las cosas como para cuidarnos pero sin perseguirnos. Un consejo podría ser, amarrarlas con una soga a la bolsa de dormir, o tener una hamaca de red para las mochilas que se coloca arriba de tu hamaca.

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